
La clave está en apartarse de los recorridos más evidentes. Si ya has visto el Coliseo, la Fontana di Trevi, el Vaticano o el Panteón, toca cambiar de estrategia. Por ejemplo, el Aventino ofrece panorámicas espectaculares desde el Jardín de los Naranjos y el famoso «ojo de la cerradura» de la Piazza dei Cavalieri di Malta. Desde este último se obtiene una vista perfectamente enmarcada de la cúpula de San Pedro. No hace falta ser fotógrafo profesional: hasta el móvil parece saber lo que hace.
Además, Roma se disfruta especialmente cuando se camina sin un itinerario diseñado al milímetro. En ese sentido, barrios como Garbatella, Testaccio o el entorno de Coppedè permiten descubrir una ciudad diferente. La propia oficina de turismo romana describe Garbatella como un barrio alejado de los recorridos más transitados del centro, con aspecto de pequeño pueblo y una arquitectura nacida en los años veinte. Es precisamente ese tipo de lugares el que demuestra que viajar no consiste únicamente en tachar monumentos de una lista. Incluso si vienes de hacer rutas en coche por Europa, aquí conviene aparcar el espíritu de «hay que verlo todo» y simplemente pasear.
Roma menos turística: rincones que merecen una visita
Una de las grandes ventajas de buscar una Roma diferente es que no necesitas renunciar a la historia. Al contrario: algunos de estos lugares tienen historias bastante más extrañas que muchos monumentos famosos. El secreto está en mirar la ciudad con otros ojos y aceptar que una plaza aparentemente normal puede esconder siglos de acontecimientos.
Por ejemplo, Testaccio es perfecto para entender la relación entre historia, gastronomía y vida cotidiana. Su nombre procede del Monte Testaccio, una colina artificial formada por millones de fragmentos de ánforas que fueron acumulándose desde la época romana. Es decir, lo que hoy parece una colina era, en buena medida, una gigantesca montaña de «envases vacíos» de la Antigüedad. Roma ya tenía problemas de reciclaje mucho antes de que existieran los contenedores de colores.
Barrios donde Roma cambia de personalidad
Garbatella es otra parada interesante. Creada en la década de 1920, nació siguiendo en parte el modelo de las ciudades-jardín inglesas y conserva pequeñas villas, calles tranquilas y una mezcla arquitectónica muy particular. Además, su aspecto ha aparecido en el cine italiano, lo que demuestra que no hace falta colocar el Coliseo en segundo plano para conseguir una buena postal romana.
Coppedè, por su parte, parece directamente diseñado por alguien que no recibió instrucciones sobre cuándo dejar de añadir detalles. El conjunto situado alrededor de Piazza Mincio combina Modernismo, Art Déco, referencias medievales, barrocas, góticas y hasta elementos inspirados en culturas antiguas. Está formado por 26 edificios y 17 villas, y en el centro de la plaza aparece la Fontana delle Rane, con sus famosas ranas.
- Subir al Aventino: empieza en la Piazza dei Cavalieri di Malta y busca el famoso «ojo de la cerradura». Después, continúa hasta el Jardín de los Naranjos para disfrutar de las vistas sobre Roma. Es una ruta sencilla y mucho más relajada que intentar cruzar el centro histórico en hora punta.
- Recorrer Garbatella sin prisa: aquí merece más la pena observar las calles, patios, escaleras y pequeñas construcciones que buscar un monumento concreto. Su carácter de barrio residencial permite conocer una Roma más cotidiana.
- Comer en Testaccio: además de probar cocina romana tradicional, puedes acercarte al Monte Testaccio y a la zona de la antigua actividad portuaria. El barrio conserva una fuerte identidad popular y es especialmente interesante para comprender la historia gastronómica de la ciudad.
- Buscar las rarezas de Coppedè: Piazza Mincio es una pequeña excursión arquitectónica en sí misma. La Fontana delle Rane, la Palazzina del Ragno y el Villino delle Fate justifican el desvío. Además, el lugar llegó a inspirar al director Dario Argento, que utilizó el conjunto como escenario cinematográfico.
- Caminar por zonas menos evidentes: incluso en barrios conocidos se pueden encontrar calles y espacios alejados de los puntos de concentración turística. La idea no es evitar absolutamente a todos los turistas —eso sería pedirle demasiado a Roma—, sino repartir mejor el tiempo.
La conclusión es sencilla: Roma menos turística no significa una Roma sin monumentos, sino una Roma que se descubre cuando dejamos de perseguir únicamente los lugares que aparecen en todas las fotografías. Aventino, Garbatella, Testaccio y Coppedè ofrecen historia, arquitectura, gastronomía y vida local con una perspectiva diferente. Si tuviera que elegir, dedicaría al menos una mañana completa a recorrer estos barrios sin prisas: en Roma, a veces el mejor descubrimiento aparece precisamente cuando dejas de correr hacia el siguiente monumento.








